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Ramón Rami Porta es un cirujano torácico de Barcelona, España, que se ha interesado por Graham Greene desde sus años en la facultad de medicina. De ávido lector de los libros de Greene, progresivamente desarrolló interés por su vida, lo que conllevó un entendimiento más profundo de la obra y pensamiento religioso de Greene. Desde la constitución del Graham Greene Birthplace Trust en Berkhamsted, Reino Unido, en 1997, ha asistido regularmente al Festival Graham Greene anual organizado por el Trust y ha respaldado incondicionalmente sus actividades para promocionar y mantener el interés en Greene. En marzo y julio de 2003, viajó por el itinerario descrito en Monseñor Quijote, lo que le dio oportunidad de reflexionar en el mensaje subyacente de esta historia de viajes aparentemente ligera. El resultado de sus reflexiones es este artículo que sigue, pensado como homenaje a Graham Greene en su primer centenario.

El teólogo itinerante.
Un comentario sobre Monseñor Quijote de Graham Greene

Ramón Rami Porta

La portada de mi edición de Monseñor Quijote (1) incluye esta cita de Spectator : La mejor, más absorbente, hábil y fácil novela de Graham Greene’.

En una primera lectura, el libro nos cuenta una historia algo ligera sobre dos caracteres opuestos que viajan juntos por España y una serie de anécdotas que se desarrollan fluidamente y que captan el interés del lector. Sus viajes, a menudo comparados con los de Don Quijote, y sus conversaciones sobre política y religión son las piedras clave del libro. Sin embargo, una lectura más cuidadosa muestra que hay una línea predominante a lo largo de las páginas de esta novela relativamente corta: los temas de teología, doctrina y religión superan en número a los relacionados con la política o con la obra más aclamada de Cervantes.

Graham Greene nació en Berkhamsted, Hertsforshire, Inglaterra, en 1904. En 1926, después de recibir instrucción en Nottingham mientras trabajaba allí, se convirtió al catolicismo. En aquel tiempo, su conversión era una condición sine qua non para casarse con su novia, Vivien Dayrell-Browning, una católica conversa desde la temprana edad de diecisiete años. La conversión de Greene al catolicismo no se resolvió en una acto íntimo en una oscura esquina de la catedral de Nottingham, sino que requirió años de experiencias y reflexiones. Lo explicó él mismo a Ronald Bryden, quien entrevistó a Greene en 1970: ‘Antes (de viajar a Méjico), el catolicismo había sido una aceptación puramente intelectual – No había encontrado en absoluto un sentimiento emocional en mi catolicismo. Y en Méjico, viendo la persecución y asistiendo a misas secretas, encontré mis sentimientos conmovidos, y ese fue un punto en el que me encontré influenciado por la historia’ (2). Según el Padre Leopoldo Durán (3), el amigo más íntimo de Greene y compañero de viajes por España en los últimos 15 años de vida de Greene, Greene también experimentó una conversión emocional en África cuando fue a Liberia en 1936. Las emociones sentidas en Méjico dos años más tarde le condujeron a su conversión definitiva.

Greene no utilizó explícitamente la religión como un elemento importante de sus novelas hasta que escribió Brighton Rock (1938). Esta novela fue seguida por The Power and the Glory (1940), The Heart of the Matter (1948) y The End of the Affair (1951), consideradas por los académicos sus novelas católicas oficiales. Sin embargo, podemos encontrar religión y discusiones teológicas en otras novelas, etiquetadas de novelas políticas, tales como The Comedians (1966) y The Honorary Consul (1973), y en sus obras de teatro, The Living Room (1953), The Potting Shed (1958) y Carving a Statue (1964). Además, el Dr. Van Dalm, usando el análisis estructural en los textos de Greene, encontró que Dios es un elemento de la trama en todas sus novelas (4).

Summa theologiae en breve.

El ex-alcalde, Sancho, y el párroco de El Toboso, a quien recientemente se le había otorgado el título de Monseñor por ayudar a un obispo extranjero en apuros, salen de viaje en el viejo Seat 600 de Monseñor Quijote. Ambos necesitan unas vacaciones. El ex-alcalde necesita reflexionar sobre su vida después de perder las elecciones y Monseñor Quijote necesita un descanso, según su obispo, después de demasiados años de servir a una modesta parroquia y a sus rústicos parroquianos.  Como dos filósofos griegos, hablan mucho, se cuestionan mutuamente sus puntos de vista y convicciones, se hacen confidencias sobre experiencias personales, pensamientos, dudas, miedos. Las carreteras secundarias del centro y de noroeste de España son su peripatos. No andan mucho –los tiempos han cambiado-, pero hablan sin parar cuando conducen o cuando toman un tentempié al lado de la carretera, en un lugar tranquilo a orillas de un riachuelo. Ambos mantienen posiciones diferentes en política y religión: Monseñor Quijote es un defensor incondicional de Franco y católico, mientras que Sancho es comunista y ateo. El itinerario que siguen no es real, pero no es tampoco ficticio. Es un resumen de los muchos viajes que Greene y el Padre Durán hicieron juntos por España. La lectura del capítulo dedicado a sus viajes en el libro del Padre Durán Graham Greene-Amigo y Hermano (1996) muestra en qué medida Greene contó con su experiencia personal, conversaciones reales y discusiones con el Padre Durán para construir esta novela.

A lo largo de las 256 páginas de Monseñor Quijote, hay, al menos, 132 temas relacionados con la religión o la teología, una media de casi 10 temas por capítulo. ¿Qué más podíamos esperar de alguien que escribió: ‘La teología es la única forma de filosofía que me gusta leer...’ (5)? La teología se introduce en el texto de una forma casi sin trascendencia, pero hay ciertamente una sistematización in crescendo de temas que empieza con un comentario muy sutil sobre el celibato sacerdotal y culmina con la misa más sublime que se ha descrito nunca y una reflexión sobre la naturaleza permanente del amor. Algunos de los temas tratados en Monseñor Quijote son repetitivos. Greene ya había escrito sobre ellos. Por ejemplo, la infalibilidad papal, la contracepción, la Inmaculada Concepción, el catolicismo y el comunismo fueron temas de algunos ensayos  y varias cartas a la prensa (6, 7, 8); la fe, la esperanza, el amor, la desesperación, la duda, el suicidio y el infierno aparecen con cierta frecuencia en sus libros.

Monseñor Quijote es una sinopsis de su pensamiento religioso y teológico, de sus dudas, de las controversias y desacuerdos con la posición oficial de la Iglesia. Sin embargo, todos estos temas parece que envuelven una línea de pensamiento más profunda que introduce progresivamente las virtudes teologales y desarrolla su efecto por la gracia de Dios. Las virtudes teologales son verdaderamente la columna vertebral de este libro; a través de su acción un ateo se va transformando y hay muchos motivos para pensar que se salva.

Las virtudes teologales en la carretera.

Las virtudes teologales se van introduciendo a lo largo de las aventuras de Monseñor y Sancho, pero el suyo no es un trabajo fácil. Cada una de ellas tiene su propia sombra que intenta refrenar su acción: la fe tiene la duda, la esperanza tiene la desesperación, el amor tiene el egoísmo. Sin embargo, aceptando el regalo de la gracia de Dios, su luz puede superar su sombra y contribuir a la salvación de aquellos que parecen estar completamente separados del buen camino.

- Fe y duda.

La fe estuvo en la mente de Greene desde el mismo principio. Fue suficientemente significativo que Greene escogiera Tomás como nombre de pila cuando fue bautizado y que luego explicara que era por Tomás Dídimo, el Dubitativo, y no por Santo Tomás de Aquino. Greene hizo una distinción clara entre creencia y fe. Una creencia es lo que podemos aceptar como verdad basándonos en la información objetiva asequible y en argumentos racionales, independientemente de si podemos confirmarlo personalmente o no. La mayoría de nosotros no ha visto el Monte Everest, pero hay evidencia suficiente para creer en él y para creer que es la montaña más alta del mundo. La fe implica un esfuerzo adicional: tenemos que aceptar algo basados en muy pocas evidencias o en ninguna evidencia objetiva en absoluto. El método experimental no funciona: Dios y la Trinidad o la Inmaculada Concepción no se pueden probar en el laboratorio. Lo que creemos supera nuestra razón, pero la gracia de Dios nos ayuda a aceptarlos. Se necesita querer tener fe en ellos y aceptarlos como verdaderos. ‘Yo quiero creer’, dice Monseñor cuando Sancho le desafía, muy de acuerdo con Unamuno, quien pensaba que ‘creer es querer creer’ (9). Al aceptar esta diferencia entre fe y creencia, entre los hechos desconocidos y conocidos, los pensamientos de Greene están en la misma línea que los de Santo Tomás de Aquino. Aquino también marcó una clara diferencia entre conocimiento y fe y expuso su punto de vista en la poética letra de Pange Lingua , que todavía se canta, siete siglos después de que él la escribiera, cuando la Forma consagrada se expone en la custodia: ‘...praestet fides supplementum sensuum defectui’. En otras palabras, la fe da la ayuda necesaria a las limitaciones de nuestros sentidos, a nuestro conocimiento racional. Greene fue, de hecho, un Tomista disfrazado, como lo fue Unamuno cuando diferenció el Dios racional del Dios cordial, el Dios que podemos sentir en nuestros corazones, pero que nuestra mente racional se resiste a aceptar (9). Otro prolífico escritor contemporáneo, que también era católico, lo puso de esta forma tan simple: ‘...una confesión de fe es una confesión de ignorancia’ (10). A Greene le hubiera gustado esta definición; la oposición y diferencia entre conocimiento y fe estaban claros para él: ‘JAMES: Si lo conociera no creería en Él. No podría creer en un Dios que pudiera entender’ (11). Un verdadero creyente en Dios, si es consciente de las limitaciones de la fe, nunca dirá que conoce a Dios. Ni siquiera el Monseñor lo puede decir: ‘Crees que mi Dios es una ilusión como los molinos de viento. Pero Él existe, te lo digo, no sólo creo en Él, lo palpo’. Lo puede palpar; no dice que Lo conoce. Esta sencilla pero profunda conversación sucedió de verdad entre Greene y el Padre Durán, y Greene la recordó en sus conversaciones con Marie-Françoise Allain (12).

Tanto el ateo como el creyente tienen fe: fe en el comunismo y fe en Dios. El proceso intelectual es el mismo: la aceptación de algo o alguien que no conocen realmente. Sin embargo, sus dudas los unen más que su fe: ‘...compartir un sentimiento de duda puede juntar a los hombres quizá más que compartir una fe. El creyente luchará con otro creyente por una pequeña diferencia: el dubitativo lucha solamente consigo mismo’.

‘Espero –amigo- que alguna vez también dudes. Es humano dudar’, dice Monseñor Quijote a Sancho. La duda es intrínseca a los humanos. La complejidad del ser humano requiere largos años de cuidado dependiente y educación. El instinto, que es suficiente para que los animales sobrevivan y para que desarrollen sus vidas de acuerdo con su particular naturaleza, no es suficiente para que nosotros llevemos una vida humana. Los seres humanos, por un acto de su voluntad, pueden controlar sus instintos. Tomamos decisiones basados en una reflexión intelectual y en la consideración de posibles alternativas. Muy a menudo, las decisiones deben tomarse en base a información incompleta y aquí surge la duda. La duda es el abogado del diablo de la fe. No podemos vivir sin ellas: ‘¿Puede un hombre vivir sin fe?’, pregunta Monseñor al alcalde, quizás recordando las escrituras: ‘Vivimos por la fe, no por la vista’ (13). Más tarde, el alcalde recuerda una lectura en clase de uno de sus profesores – una clara referencia a Unamuno y su media-creencia- en la Universidad de Salamanca, donde había estudiado: ‘ “Hay una voz apagada, una voz de incertidumbre que susurra al oído del creyente ¿Quién sabe? ¿Podríamos vivir sin esta incertidumbre?”’ La duda fue muy importante para Greene. En cierto modo, la duda podría ser el principio de la fe. Lo expresó así en el último párrafo de uno de sus relatos cortos, The Last Word , cuando un general dispara al último Papa: ‘Entre la presión sobre el gatillo y la explosión de la bala una duda extraña y aterradora cruzó su mente: ¿es posible que lo que este hombre creía pueda ser verdad?’ (14).

- Esperanza y desesperación.

El pensador y escritor católico francés, Charles Moeller, llamó a Greene ‘el mártir de la esperanza’ (15). Me gustaría reflexionar sobre el significado etimológico de ‘mártir’. Significa ‘testigo’. Greene siempre fue un testigo para la defensa de la esperanza. La defensa de la esperanza contra la desesperación, ‘el peor pecado de todos’, y en todas circunstancias. El final de Brighton Rock, la primera novela de Greene con trasfondo católico, es una llamada a la esperanza en la circunstancia más extrema: la esperanza de salvación para alguien que ha cometido suicidio. ‘ “Debemos tener esperanza y rezar”, dijo (un sacerdote en el confesionario dice a la joven viuda), “tener esperanza y rezar. La Iglesia no nos pide que creamos que ningún alma pueda quedar excluida de la misericordia’ esa ‘espantosa ... extrañeza de la misericordia de Dios’ (16).  Es verdad: la Iglesia no juzga nuestras conciencias. Ni siquiera el Papa, que tiene la facultad de proclamar santos, tiene el poder de asegurar la condenación de nadie, pues esto queda reservado al juicio de Dios. El pensamiento teológico de Greene estaba muy avanzado cuando sugirió que alguien que había cometido suicidio podía salvarse, si consideramos que escribió Brighton Rock más de veinte años antes del Concilio Vaticano II, tiempo en el que a la gente que había cometido suicidio se le negaba el entierro en tierra consagrada. Diez años más tarde, Greene insiste en el mismo tema cuando otro católico se suicida en The Heart of the Matter (1948). Es de nuevo un sacerdote quien intenta confortar a la viuda del hombre sacrílego: ‘...”no imagine que usted – o yo- conocemos algo sobre la misericordia de Dios” (...) “La Iglesia conoce todas las reglas. Pero no conoce lo que sucede en un corazón humano” ’ (17).

Monseñor Quijote y Sancho tienen  esperanza, pero, como en el caso de su fe, su esperanza es diferente. Monseñor espera que, un día, su amigo comunista se convierta al catolicismo, y Sancho espera que Monseñor se convierta al marxismo. Pero sus esperanza va más allá: la esperanza en que el catolicismo conduzca a los hombres a un futuro feliz y la esperanza en la llegada no demasiado retrasada del comunismo para ayudar a los trabajadores de todas las naciones se encuentran confrontadas. Ninguno parece haber llegado todavía, y tanto Monseñor como Sancho algunas veces desesperan. Sin embargo, cualquier mal sentimiento desaparece y su esperanza se refuerza cuando beben otro vaso, pues ‘el vodka me inspira esperanza’, dice Monseñor. Es interesante darse cuenta de que tanto su fe como su esperanza se originan en los libros que leen. Sancho lee a Marx y Lenin y Monseñor lee la Biblia, libros de teología moral, y libros de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila y San Francisco de Sales, entre otros. ‘Ellos son toda la fe que tengo y toda la esperanza’, Monseñor dice a Sancho cuando éste se ríe de sus libros. Mientras que la esperanza de Sancho es meramente materialista, Monseñor tiene esperanza en la salvación del mundo, sostenida por su fe en la muerte y resurrección de Cristo, algo que Sancho encuentra completamente absurdo. Pero ‘Es un mundo absurdo o no estaríamos aquí juntos’, dice Monseñor. Su fe va más allá del aburrimiento de la racionalidad e incluso si algo parece absurdo, él todavía tiene fe.

- Amor y egoísmo.

 ‘… pero si no tengo amor, no soy nada’ (18). El amor es, en verdad, la más grande de todas las virtudes (19); y Greene lo sabía, porque si realmente había alguna esperanza para quienes se suicidaron en los ejemplos mencionados previamente, era porque en ellos había algo de amor. ‘Si te amaba, ciertamente (...) eso muestra que había algo bueno...’ (16) ‘Puede parecer extraño decirlo – cuando un hombre se equivocó tanto como él- pero creo, por lo que vi de él, que realmente amaba a Dios’ (17). La contraseña para la salvación es el amor: el amor salva.

Monseñor Quijote y Sancho salieron de El Toboso, al sur de Madrid, en la provincia de Toledo, y se dirigieron a Madrid; luego continuaron hacia Segovia, Arévalo y Salamanca, la ciudad favorita de Greene. Desde Salamanca fueron a Valladolid y León. Estando en ruta, las noticias de sus extrañas aventuras y las malas interpretaciones de cómo ayudaron a escapar a un ladrón de bancos  llegaron al obispo del Monseñor, quien lo hizo volver a la fuerza a El Toboso. En este momento, Sancho debe afrontar el dilema de elegir entre cruzar la frontera y buscar refugio con sus amigos comunistas en Portugal, lejos de la guardia civil, que todavía desconfiaba de los comunistas, o volver a El Toboso a rescatar a su amigo. ¡Y no pudo cruzar la frontera! Su lealtad y amor hacia su amigo pesaron más que su deseo de seguridad, tal como su amor por un criminal herido impidió que el sacerdote alcohólico de The Power and the Glory cruzara la frontera del estado sin Dios hacia la comodidad y la seguridad. Siempre hay una frontera en los temas de Greene que no se puede cruzar, un recuerdo permanente de la puerta de paño verde que separaba la escuela de Greene, y su ambiente poco amistoso, de la seguridad de la casa de sus padres.

Sancho se las arregla para rescatar a Monseñor y salen otra vez de El Toboso por carreteras secundarias para acabar su viaje en el Monasterio de Osera, en Galicia, al noroeste de España. Monseñor sale gravemente herido porque, al ser seguidos por la guardia civil, tienen un accidente de coche al llegar al monasterio y lo llevan a una de sus celdas. Se encuentra en un estado de semi-inconsciencia. Cuando dice ‘No te ofrezco un gobierno, Sancho, te ofrezco un reino’ , parafraseando un pasaje de Don Quijote, y continua con ‘Ven conmigo, y encontrarás el reino’ , Sancho responde ‘Nunca le dejaré, padre. Hemos estado en la carretera juntos demasiado tiempo para eso’; y Monseñor replica ‘ por estos saltos se puede reconocer el amor’. Unos momentos más tarde, va a la iglesia, seguido de Sancho, un monje y un profesor que estaba investigando en el monasterio. Empieza a decir la misa más mística y esencial jamás descrita (hoy, quizás, alguien la llamaría virtual). Recita en latín –como Greene prefería-, y consagra sin pan ni vino. En el momento de la comunión, comulga primero, sin Forma ni vino, y luego dice a Sancho ‘Compañero (...) debes arrodillarte, compañero’ y Sancho recibe la comunión invisible de los dedos de Monseñor. Después de esto, Monseñor todavía repite ‘por estos saltos (...) por estos saltos’ , antes de caerse muerto y Sancho, que había estado muy atento todo el tiempo, lo sostiene en sus brazos.

A Greene le gustaba el sonido de la palabra compañero y la utiliza en español en el texto original. Greene prestaba atención al sonido de las palabras cuando escribía. Sin embargo, cuando leí el artículo de John J. Deeney en el primer número de Just Good Company (20), me di cuenta que además de la musicalidad de la palabra, su significado encaja extremadamente bien en esta escena de la misa, sin duda el escrito más teológico de Greene. Deeney explica con detalle el significado etimológico de compañero, que significa ‘con’ ‘pan’, y viene de la palabra latina companius (‘cum’ y ‘panis’) (21). Me parece que Monseñor Quijote pensó que su amigo Sancho podía ser elevado a la categoría de compañero, y, por tanto, alguien con quien podía compartir el Pan, cuando se dio cuenta de que había amor en él. Cuando se dio cuenta de lo que Sancho había hecho por él y de que no le abandonaría, siguiendo el instinto natural de buscar protección, entonces le ofreció comulgar, compartir el Pan consagrado invisible. Por su amor,  Sancho fue admitido a la comunión.

Esta modesta reflexión no estaría completa sin una referencia a la conversación que siguió después de la misa. Greene, ahora personificado en el Padre Leopoldo (un homenaje más al Padre Leopoldo Durán), escribió las palabras teológicas más profundas en la conversación entre el profesor y el Padre Leopoldo:

‘…”Lo que escuchamos anoche difícilmente podría  describirse como una misa”, dijo el profesor’.

‘ “¿Está seguro de eso?” preguntó el Padre Leopoldo’.

 ‘Claro que lo estoy. No hubo consagración’.

 ‘Repito - ¿está seguro?’

 ‘Por supuesto que estoy seguro. No hubo ni Hostia ni vino’.

 ‘Descartes, creo, hubiera dicho algo más cautelosamente que usted que no vio ni pan ni vino’.

‘Usted sabe tan bien como yo que no hubo ni pan ni vino’.

 ‘Lo sé tan bien como usted –o tan mal-, sí, estoy de acuerdo con eso. Pero Monseñor Quijote creía obviamente en la presencia del pan y del vino. ¿Quién de nosotros tiene razón?’

 ‘Nosotros’.

 ‘Eso es muy difícil de demostrar lógicamente, profesor. Verdaderamente muy difícil’ .

Sin incluso darse cuenta, Sancho aprendió la lección de las escrituras: ‘El amor es eterno’ (22). Las reflexiones de Sancho sobre la naturaleza permanente del amor, al darse cuenta de que, aunque el odio se acaba con la muerte de la persona odiada, el amor persiste después de la muerte, simplemente confirman el juicio que Monseñor hizo acerca de la naturaleza de su amigo y de su capacidad para recibir la comunión. Había amor en Sancho y este amor lo acompaña en su camino hacia Portugal, ahora que finalmente ha cumplido su misión de ayudar a su amigo hasta su muerte.

Una muerte ejemplar.

Greene murió en 1991 en Vevey, Suiza. Al contrario que en la ficción, a él, el alcalde, le sobrevivió  Monseñor, el Padre Leopoldo Durán, que vive en Vigo, Galicia, la región española que más gustaba a Greene.

Hay coincidencias asombrosas en las muertes de Monseñor y de Greene. Sus papeles parecen haberse intercambiado. Monseñor fue sostenido por un atento y cuidadoso Sancho, que había estado observando muy de cerca el deterioro de la vida de Monseñor durante la misa, hasta que al final se cayó. Greene murió en compañía del Padre Durán, como había deseado, y el Padre Durán le cogió de la mano durante los últimos minutos de su vida, observando cuidadosamente su respiración superficial hasta que se paró. La muerte de Monseñor fue como una premonición transferida: lo que Greene escribió de Monseñor le pasó realmente a él.

Greene había abandonado la práctica religiosa durante un largo periodo de tiempo, pero, de acuerdo con el Padre Durán, al menos durante los últimos 10 ó 12 años de su vida, recibió regularmente los sacramentos. Su fe en la vida eterna puede compararse solamente con la de Monseñor y Greene dio evidencia de ella en la forma en que murió: aceptó el hecho plenamente y en paz. Su médico fue testigo ocular de esto y manifestó que solamente una persona con una fe muy sólida podía estar tan serena antes de morir (23).

Greene se ha ido; sus dudas se han resuelto; su fe se ha convertido en conocimiento; su esperanza se ha visto recompensada. Sus obras permanecen; son el resultado de su amor por nosotros. Son testigos de sus convicciones y llevan un precioso mensaje de esperanza como ninguna otra obra literaria de siglo XX lo ha hecho. Greene ha dejado ‘un esqueleto a la tierra y un alma, una obra, para la historia’ (24).

Agradecimiento.

Estoy profundamente agradecido al Padre Leopoldo Durán por haber leído el manuscrito y por sus reflexivos comentarios y consejos.

Referencias.

1- Greene G. Monsignor Quixote. Penguin Books, Ltd. Reprint, 1986. (Las citas sin referencia especificada son todas de este libro). (Publicado por primera vez por The Bodley Head en 1982).

2.- Bryden R. Graham Greene discusses collected edition of his novels. The Listener, LXXXII: 2173 (23 April 1970), 544-555. En: Donaghy HJ (Editor). Conversations with Graham Greene. University Press of Mississippi, Jackson and London, 1992; p: 85-89.

3.- Duran L. Second Graham Greene Festival. Berkhamsted (Herst), UK. October 2nd, 1999.

4.- Van Dalm, RE. A structural analysis of The Honorary Consul by Graham Greene. Rodopi, Amsterdam, 1999; p127-146.

5.- Greene G. Carving a statue. Epitaph for a play. En: Greene G. The collected plays of Graham Greene. Penguin Books Ltd., Middlesex, England, 1985; p: 212. (Carving a statue fue publicada por primera vez por The Bodley Head en 1964).

6.- Greene G. Ensayos católicos . EMECE Editores, SA. Buenos Aires, 1955.

7.- Greene G. Yours etc. Letters to the press 1945-89. (Selected and introduced by Christopher Hawtree). Reinhardt Books. London, 1989.

8.- Greene G. Reflections. Reinhardt Books. London, 1990.

9.- Unamuno, M. Del sentimiento trágico de la vida . Colección Austral, Espasa Calpe, Madrid, octava edición 1997. (Publicado por primera vez en 1913).

10. West M. Desde la cumbre. Javier Vergara Editor, SA. Buenos Aires, Argentina, 1996; p 18. (Traducción española de A view from the ridge . Harper Collins, San Francisco).

11.- Greene G. The potting shed. En: Greene G. The collected plays of Graham Greene. Penguin Books Ltd., Middlesex, England, UK, 1985; p 132. (The potting shed se publicó por primera vez en 1958 por William Heinemann Ltd.).

12.- Greene G. El otro y su doble. Conversaciones con Marie-Françoise Allain. Caralt, Barcelona 1982; p 197. (Traducción española de L’autre et son double , publicado por primera vez por Belfond en 1981)

13.- 2 Corintios 5:7

14.- Greene G. The last word. En: Greene G. The last word and other stories. Reinhardt Books, London, 1990; p: 18.

15.- Moeller C. Literatura del siglo XX y cristianismo . Volume 1, 3ª edition. Editorial Gredos, Madrid, 1958; p 325. (Traducción española de la edición original francesa: Littérature du XXe siècle et christianisme. Éditions Casterman, Paris et Tournai, 1954).

16.- Greene G. Brighton Rock. Penguin Books Ltd., Middlesex, England, reset and reprinted, 1975; p: 246. (Brighton Rock fue publicada por primera vez por William Heinemann Ltd. en 1938).

17.- Greene G. The heart of the matter. Penguin Books Ltd., Middlesex, England, 1971; p: 272. (The heart of the matter fue publicada por primera vez por William Heinemann Ltd. en 1948).

18.- 1 Corintios 13:2

19.- 1 Corintios 13:13

20.- Deeney JJ. A Jesuit think tank for the world? http://justgoodcompany. org/1.1/thinktanktext.htm. (Accedida el 13 de diciembre de 2002).

21.- Diccionario de la Lengua Española, 20ª  edición, Tomo 1. Madrid 1984; p: 346.

22.- 1 Corintios 13:8.

23.- Durán L. Graham Greene. Amigo y hermano . Espasa Calpe, Madrid, 1996; p: 397-398.

24.- Unamuno, M de. La agonía del cristianismo . 6ª edición. Espasa-Calpe, SA, Madrid, 1980; p: 18. (La agonía del cristianismo se publicó por primera vez en francés en 1924).


Ramón Rami Porta es un cirujano torácico de Barcelona, España, que se ha interesado por Graham Greene desde sus años en la facultad de medicina. De ávido lector de los libros de Greene, progresivamente desarrolló interés por su vida, lo que conllevó un entendimiento más profundo de la obra y pensamiento religioso de Greene. Desde la constitución del Graham Greene Birthplace Trust en Berkhamsted, Reino Unido, en 1997, ha asistido regularmente al Festival Graham Greene anual organizado por el Trust y ha respaldado incondicionalmente sus actividades para promocionar y mantener el interés en Greene.