La portada de mi edición de Monseñor Quijote (1) incluye
esta cita de Spectator : ‘La mejor, más absorbente,
hábil y fácil novela de Graham Greene’.
En una primera lectura, el libro nos cuenta una historia algo ligera sobre
dos caracteres opuestos que viajan juntos por España y una serie de
anécdotas que se desarrollan fluidamente y que captan el interés
del lector. Sus viajes, a menudo comparados con los de Don Quijote, y sus
conversaciones sobre política y religión son las piedras clave del
libro. Sin embargo, una lectura más cuidadosa muestra que hay una
línea predominante a lo largo de las páginas de esta novela
relativamente corta: los temas de teología, doctrina y religión
superan en número a los relacionados con la política o con la obra
más aclamada de Cervantes.
Graham Greene nació en Berkhamsted, Hertsforshire, Inglaterra, en
1904. En 1926, después de recibir instrucción en Nottingham
mientras trabajaba allí, se convirtió al catolicismo. En aquel
tiempo, su conversión era una condición sine qua non para
casarse con su novia, Vivien Dayrell-Browning, una católica conversa
desde la temprana edad de diecisiete años. La conversión de Greene
al catolicismo no se resolvió en una acto íntimo en una oscura
esquina de la catedral de Nottingham, sino que requirió años de
experiencias y reflexiones. Lo explicó él mismo a Ronald Bryden,
quien entrevistó a Greene en 1970: ‘Antes (de viajar a
Méjico), el catolicismo había sido una aceptación
puramente intelectual – No había encontrado en absoluto un
sentimiento emocional en mi catolicismo. Y en Méjico, viendo la
persecución y asistiendo a misas secretas, encontré mis
sentimientos conmovidos, y ese fue un punto en el que me encontré
influenciado por la historia’ (2). Según el Padre Leopoldo
Durán (3), el amigo más íntimo de Greene y compañero
de viajes por España en los últimos 15 años de vida de
Greene, Greene también experimentó una conversión emocional
en África cuando fue a Liberia en 1936. Las emociones sentidas en
Méjico dos años más tarde le condujeron a su
conversión definitiva.
Greene no utilizó explícitamente la religión como un
elemento importante de sus novelas hasta que escribió Brighton
Rock (1938). Esta novela fue seguida por The Power and the Glory
(1940), The Heart of the Matter (1948) y The End of the Affair
(1951), consideradas por los académicos sus novelas católicas
oficiales. Sin embargo, podemos encontrar religión y discusiones
teológicas en otras novelas, etiquetadas de novelas políticas,
tales como The Comedians (1966) y The Honorary Consul (1973), y en
sus obras de teatro, The Living Room (1953), The Potting Shed
(1958) y Carving a Statue (1964). Además, el Dr. Van Dalm, usando
el análisis estructural en los textos de Greene, encontró que Dios
es un elemento de la trama en todas sus novelas (4).
Summa theologiae en breve.
El ex-alcalde, Sancho, y el párroco de El Toboso, a quien
recientemente se le había otorgado el título de Monseñor
por ayudar a un obispo extranjero en apuros, salen de viaje en el viejo Seat 600
de Monseñor Quijote. Ambos necesitan unas vacaciones. El ex-alcalde
necesita reflexionar sobre su vida después de perder las elecciones y
Monseñor Quijote necesita un descanso, según su obispo,
después de demasiados años de servir a una modesta parroquia y a
sus rústicos parroquianos. Como dos filósofos griegos,
hablan mucho, se cuestionan mutuamente sus puntos de vista y convicciones, se
hacen confidencias sobre experiencias personales, pensamientos, dudas, miedos.
Las carreteras secundarias del centro y de noroeste de España son su
peripatos. No andan mucho –los tiempos han cambiado-, pero hablan sin
parar cuando conducen o cuando toman un tentempié al lado de la
carretera, en un lugar tranquilo a orillas de un riachuelo. Ambos mantienen
posiciones diferentes en política y religión: Monseñor
Quijote es un defensor incondicional de Franco y católico, mientras que
Sancho es comunista y ateo. El itinerario que siguen no es real, pero no es
tampoco ficticio. Es un resumen de los muchos viajes que Greene y el Padre
Durán hicieron juntos por España. La lectura del capítulo
dedicado a sus viajes en el libro del Padre Durán Graham Greene-Amigo
y Hermano (1996) muestra en qué medida Greene contó con su
experiencia personal, conversaciones reales y discusiones con el Padre
Durán para construir esta novela.
A lo largo de las 256 páginas de Monseñor Quijote, hay,
al menos, 132 temas relacionados con la religión o la teología,
una media de casi 10 temas por capítulo. ¿Qué más
podíamos esperar de alguien que escribió: ‘La
teología es la única forma de filosofía que me gusta
leer...’ (5)? La teología se introduce en el texto de una forma
casi sin trascendencia, pero hay ciertamente una sistematización in
crescendo de temas que empieza con un comentario muy sutil sobre el
celibato sacerdotal y culmina con la misa más sublime que se ha descrito
nunca y una reflexión sobre la naturaleza permanente del amor. Algunos de
los temas tratados en Monseñor Quijote son repetitivos. Greene ya
había escrito sobre ellos. Por ejemplo, la infalibilidad papal, la
contracepción, la Inmaculada Concepción, el catolicismo y el
comunismo fueron temas de algunos ensayos y varias cartas a la prensa (6,
7, 8); la fe, la esperanza, el amor, la desesperación, la duda, el
suicidio y el infierno aparecen con cierta frecuencia en sus libros.
Monseñor Quijote es una sinopsis de su pensamiento religioso y
teológico, de sus dudas, de las controversias y desacuerdos con la
posición oficial de la Iglesia. Sin embargo, todos estos temas parece que
envuelven una línea de pensamiento más profunda que introduce
progresivamente las virtudes teologales y desarrolla su efecto por la gracia de
Dios. Las virtudes teologales son verdaderamente la columna vertebral de este
libro; a través de su acción un ateo se va transformando y hay
muchos motivos para pensar que se salva.
Las virtudes teologales en la carretera.
Las virtudes teologales se van introduciendo a lo largo de las aventuras de
Monseñor y Sancho, pero el suyo no es un trabajo fácil. Cada una
de ellas tiene su propia sombra que intenta refrenar su acción: la fe
tiene la duda, la esperanza tiene la desesperación, el amor tiene el
egoísmo. Sin embargo, aceptando el regalo de la gracia de Dios, su luz
puede superar su sombra y contribuir a la salvación de aquellos que
parecen estar completamente separados del buen camino.
- Fe y duda.
La fe estuvo en la mente de Greene desde el mismo principio. Fue
suficientemente significativo que Greene escogiera Tomás como nombre de
pila cuando fue bautizado y que luego explicara que era por Tomás
Dídimo, el Dubitativo, y no por Santo Tomás de Aquino. Greene hizo
una distinción clara entre creencia y fe. Una creencia es lo que podemos
aceptar como verdad basándonos en la información objetiva
asequible y en argumentos racionales, independientemente de si podemos
confirmarlo personalmente o no. La mayoría de nosotros no ha visto el
Monte Everest, pero hay evidencia suficiente para creer en él y para
creer que es la montaña más alta del mundo. La fe implica un
esfuerzo adicional: tenemos que aceptar algo basados en muy pocas evidencias o
en ninguna evidencia objetiva en absoluto. El método experimental no
funciona: Dios y la Trinidad o la Inmaculada Concepción no se pueden
probar en el laboratorio. Lo que creemos supera nuestra razón, pero la
gracia de Dios nos ayuda a aceptarlos. Se necesita querer tener fe en ellos y
aceptarlos como verdaderos. ‘Yo quiero creer’, dice
Monseñor cuando Sancho le desafía, muy de acuerdo con Unamuno,
quien pensaba que ‘creer es querer creer’ (9). Al aceptar
esta diferencia entre fe y creencia, entre los hechos desconocidos y conocidos,
los pensamientos de Greene están en la misma línea que los de
Santo Tomás de Aquino. Aquino también marcó una clara
diferencia entre conocimiento y fe y expuso su punto de vista en la
poética letra de Pange Lingua , que todavía se canta, siete
siglos después de que él la escribiera, cuando la Forma consagrada
se expone en la custodia: ‘...praestet fides supplementum sensuum
defectui’. En otras palabras, la fe da la ayuda necesaria a las
limitaciones de nuestros sentidos, a nuestro conocimiento racional. Greene fue,
de hecho, un Tomista disfrazado, como lo fue Unamuno cuando diferenció el
Dios racional del Dios cordial, el Dios que podemos sentir en nuestros
corazones, pero que nuestra mente racional se resiste a aceptar (9). Otro
prolífico escritor contemporáneo, que también era
católico, lo puso de esta forma tan simple: ‘...una
confesión de fe es una confesión de ignorancia’
(10). A Greene le hubiera gustado esta definición; la
oposición y diferencia entre conocimiento y fe estaban claros para
él: ‘JAMES: Si lo conociera no creería en Él. No
podría creer en un Dios que pudiera entender’ (11). Un
verdadero creyente en Dios, si es consciente de las limitaciones de la fe, nunca
dirá que conoce a Dios. Ni siquiera el Monseñor lo puede decir:
‘Crees que mi Dios es una ilusión como los molinos de viento.
Pero Él existe, te lo digo, no sólo creo en Él, lo
palpo’. Lo puede palpar; no dice que Lo conoce. Esta sencilla pero
profunda conversación sucedió de verdad entre Greene y el Padre
Durán, y Greene la recordó en sus conversaciones con
Marie-Françoise Allain (12).
Tanto el ateo como el creyente tienen fe: fe en el comunismo y fe en Dios. El
proceso intelectual es el mismo: la aceptación de algo o alguien que no
conocen realmente. Sin embargo, sus dudas los unen más que su fe:
‘...compartir un sentimiento de duda puede juntar a los hombres
quizá más que compartir una fe. El creyente luchará con
otro creyente por una pequeña diferencia: el dubitativo lucha solamente
consigo mismo’.
‘Espero –amigo- que alguna vez también dudes. Es humano
dudar’, dice Monseñor Quijote a Sancho. La duda es
intrínseca a los humanos. La complejidad del ser humano requiere largos
años de cuidado dependiente y educación. El instinto, que es
suficiente para que los animales sobrevivan y para que desarrollen sus vidas de
acuerdo con su particular naturaleza, no es suficiente para que nosotros
llevemos una vida humana. Los seres humanos, por un acto de su voluntad, pueden
controlar sus instintos. Tomamos decisiones basados en una reflexión
intelectual y en la consideración de posibles alternativas. Muy a menudo,
las decisiones deben tomarse en base a información incompleta y
aquí surge la duda. La duda es el abogado del diablo de la fe. No podemos
vivir sin ellas: ‘¿Puede un hombre vivir sin fe?’,
pregunta Monseñor al alcalde, quizás recordando las escrituras:
‘Vivimos por la fe, no por la vista’ (13). Más tarde,
el alcalde recuerda una lectura en clase de uno de sus profesores – una
clara referencia a Unamuno y su media-creencia- en la Universidad de Salamanca,
donde había estudiado: ‘ “Hay una voz apagada, una voz de
incertidumbre que susurra al oído del creyente ¿Quién sabe?
¿Podríamos vivir sin esta incertidumbre?”’ La duda
fue muy importante para Greene. En cierto modo, la duda podría ser el
principio de la fe. Lo expresó así en el último
párrafo de uno de sus relatos cortos, The Last Word , cuando un
general dispara al último Papa: ‘Entre la presión sobre
el gatillo y la explosión de la bala una duda extraña y aterradora
cruzó su mente: ¿es posible que lo que este hombre creía
pueda ser verdad?’ (14).
- Esperanza y desesperación.
El pensador y escritor católico francés, Charles Moeller,
llamó a Greene ‘el mártir de la esperanza’ (15). Me
gustaría reflexionar sobre el significado etimológico de
‘mártir’. Significa ‘testigo’. Greene siempre fue
un testigo para la defensa de la esperanza. La defensa de la esperanza contra la
desesperación, ‘el peor pecado de todos’, y en todas
circunstancias. El final de Brighton Rock, la primera novela de Greene
con trasfondo católico, es una llamada a la esperanza en la circunstancia
más extrema: la esperanza de salvación para alguien que ha
cometido suicidio. ‘ “Debemos tener esperanza y rezar”,
dijo (un sacerdote en el confesionario dice a la joven viuda),
“tener esperanza y rezar. La Iglesia no nos pide que creamos que
ningún alma pueda quedar excluida de la misericordia’ esa
‘espantosa ... extrañeza de la misericordia de Dios’
(16). Es verdad: la Iglesia no juzga nuestras conciencias. Ni siquiera el
Papa, que tiene la facultad de proclamar santos, tiene el poder de asegurar la
condenación de nadie, pues esto queda reservado al juicio de Dios. El
pensamiento teológico de Greene estaba muy avanzado cuando sugirió
que alguien que había cometido suicidio podía salvarse, si
consideramos que escribió Brighton Rock más de veinte
años antes del Concilio Vaticano II, tiempo en el que a la gente que
había cometido suicidio se le negaba el entierro en tierra consagrada.
Diez años más tarde, Greene insiste en el mismo tema cuando otro
católico se suicida en The Heart of the Matter (1948). Es de nuevo
un sacerdote quien intenta confortar a la viuda del hombre sacrílego:
‘...”no imagine que usted – o yo- conocemos algo sobre la
misericordia de Dios” (...) “La Iglesia conoce todas las reglas.
Pero no conoce lo que sucede en un corazón humano” ’
(17).
Monseñor Quijote y Sancho tienen esperanza, pero, como en el
caso de su fe, su esperanza es diferente. Monseñor espera que, un
día, su amigo comunista se convierta al catolicismo, y Sancho espera que
Monseñor se convierta al marxismo. Pero sus esperanza va más
allá: la esperanza en que el catolicismo conduzca a los hombres a un
futuro feliz y la esperanza en la llegada no demasiado retrasada del comunismo
para ayudar a los trabajadores de todas las naciones se encuentran confrontadas.
Ninguno parece haber llegado todavía, y tanto Monseñor como Sancho
algunas veces desesperan. Sin embargo, cualquier mal sentimiento desaparece y su
esperanza se refuerza cuando beben otro vaso, pues ‘el vodka me inspira
esperanza’, dice Monseñor. Es interesante darse cuenta de que
tanto su fe como su esperanza se originan en los libros que leen. Sancho lee a
Marx y Lenin y Monseñor lee la Biblia, libros de teología moral, y
libros de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila y San Francisco de
Sales, entre otros. ‘Ellos son toda la fe que tengo y toda la
esperanza’, Monseñor dice a Sancho cuando éste se
ríe de sus libros. Mientras que la esperanza de Sancho es meramente
materialista, Monseñor tiene esperanza en la salvación del mundo,
sostenida por su fe en la muerte y resurrección de Cristo, algo que
Sancho encuentra completamente absurdo. Pero ‘Es un mundo absurdo o no
estaríamos aquí juntos’, dice Monseñor. Su fe va
más allá del aburrimiento de la racionalidad e incluso si algo
parece absurdo, él todavía tiene fe.
- Amor y egoísmo.
‘… pero si no tengo amor, no soy nada’ (18).
El amor es, en verdad, la más grande de todas las virtudes (19); y Greene
lo sabía, porque si realmente había alguna esperanza para quienes
se suicidaron en los ejemplos mencionados previamente, era porque en ellos
había algo de amor. ‘Si te amaba, ciertamente (...) eso muestra
que había algo bueno...’ (16) ‘Puede parecer
extraño decirlo – cuando un hombre se equivocó tanto como
él- pero creo, por lo que vi de él, que realmente amaba a
Dios’ (17). La contraseña para la salvación es el amor:
el amor salva.
Monseñor Quijote y Sancho salieron de El Toboso, al sur de Madrid, en
la provincia de Toledo, y se dirigieron a Madrid; luego continuaron hacia
Segovia, Arévalo y Salamanca, la ciudad favorita de Greene. Desde
Salamanca fueron a Valladolid y León. Estando en ruta, las noticias de
sus extrañas aventuras y las malas interpretaciones de cómo
ayudaron a escapar a un ladrón de bancos llegaron al obispo del
Monseñor, quien lo hizo volver a la fuerza a El Toboso. En este momento,
Sancho debe afrontar el dilema de elegir entre cruzar la frontera y buscar
refugio con sus amigos comunistas en Portugal, lejos de la guardia civil, que
todavía desconfiaba de los comunistas, o volver a El Toboso a rescatar a
su amigo. ¡Y no pudo cruzar la frontera! Su lealtad y amor hacia su amigo
pesaron más que su deseo de seguridad, tal como su amor por un criminal
herido impidió que el sacerdote alcohólico de The Power and the
Glory cruzara la frontera del estado sin Dios hacia la comodidad y la
seguridad. Siempre hay una frontera en los temas de Greene que no se puede
cruzar, un recuerdo permanente de la puerta de paño verde que separaba la
escuela de Greene, y su ambiente poco amistoso, de la seguridad de la casa de
sus padres.
Sancho se las arregla para rescatar a Monseñor y salen otra vez de El
Toboso por carreteras secundarias para acabar su viaje en el Monasterio de
Osera, en Galicia, al noroeste de España. Monseñor sale gravemente
herido porque, al ser seguidos por la guardia civil, tienen un accidente de
coche al llegar al monasterio y lo llevan a una de sus celdas. Se encuentra en
un estado de semi-inconsciencia. Cuando dice ‘No te ofrezco un
gobierno, Sancho, te ofrezco un reino’ , parafraseando un pasaje de
Don Quijote, y continua con ‘Ven conmigo, y encontrarás el
reino’ , Sancho responde ‘Nunca le dejaré, padre.
Hemos estado en la carretera juntos demasiado tiempo para eso’; y
Monseñor replica ‘ por estos saltos se puede reconocer el
amor’. Unos momentos más tarde, va a la iglesia, seguido de
Sancho, un monje y un profesor que estaba investigando en el monasterio. Empieza
a decir la misa más mística y esencial jamás descrita (hoy,
quizás, alguien la llamaría virtual). Recita en latín
–como Greene prefería-, y consagra sin pan ni vino. En el momento
de la comunión, comulga primero, sin Forma ni vino, y luego dice a Sancho
‘Compañero (...) debes arrodillarte,
compañero’ y Sancho recibe la comunión invisible de los
dedos de Monseñor. Después de esto, Monseñor todavía
repite ‘por estos saltos (...) por estos saltos’ ,
antes de caerse muerto y Sancho, que había estado muy atento todo el
tiempo, lo sostiene en sus brazos.
A Greene le gustaba el sonido de la palabra compañero y la
utiliza en español en el texto original. Greene prestaba atención
al sonido de las palabras cuando escribía. Sin embargo, cuando leí
el artículo de John J. Deeney en el primer número de Just Good
Company (20), me di cuenta que además de la musicalidad de la palabra, su
significado encaja extremadamente bien en esta escena de la misa, sin duda el
escrito más teológico de Greene. Deeney explica con detalle el
significado etimológico de compañero, que significa
‘con’ ‘pan’, y viene de la palabra latina
companius (‘cum’ y ‘panis’) (21). Me parece que
Monseñor Quijote pensó que su amigo Sancho podía ser
elevado a la categoría de compañero, y, por tanto, alguien con
quien podía compartir el Pan, cuando se dio cuenta de que había
amor en él. Cuando se dio cuenta de lo que Sancho había hecho por
él y de que no le abandonaría, siguiendo el instinto natural de
buscar protección, entonces le ofreció comulgar, compartir el Pan
consagrado invisible. Por su amor, Sancho fue admitido a la
comunión.
Esta modesta reflexión no estaría completa sin una referencia a
la conversación que siguió después de la misa. Greene,
ahora personificado en el Padre Leopoldo (un homenaje más al Padre
Leopoldo Durán), escribió las palabras teológicas
más profundas en la conversación entre el profesor y el Padre
Leopoldo:
‘…”Lo que escuchamos anoche difícilmente
podría describirse como una misa”, dijo el
profesor’.
‘ “¿Está seguro de eso?” preguntó
el Padre Leopoldo’.
‘Claro que lo estoy. No hubo
consagración’.
‘Repito - ¿está seguro?’
‘Por supuesto que estoy seguro. No hubo ni Hostia ni
vino’.
‘Descartes, creo, hubiera dicho algo más cautelosamente
que usted que no vio ni pan ni vino’.
‘Usted sabe tan bien como yo que no hubo ni pan ni
vino’.
‘Lo sé tan bien como usted –o tan mal-,
sí, estoy de acuerdo con eso. Pero Monseñor Quijote creía
obviamente en la presencia del pan y del vino. ¿Quién de nosotros
tiene razón?’
‘Nosotros’.
‘Eso es muy difícil de demostrar lógicamente,
profesor. Verdaderamente muy difícil’ .
Sin incluso darse cuenta, Sancho aprendió la lección de las
escrituras: ‘El amor es eterno’ (22). Las reflexiones de
Sancho sobre la naturaleza permanente del amor, al darse cuenta de que, aunque
el odio se acaba con la muerte de la persona odiada, el amor persiste
después de la muerte, simplemente confirman el juicio que Monseñor
hizo acerca de la naturaleza de su amigo y de su capacidad para recibir la
comunión. Había amor en Sancho y este amor lo acompaña en
su camino hacia Portugal, ahora que finalmente ha cumplido su misión de
ayudar a su amigo hasta su muerte.
Una muerte ejemplar.
Greene murió en 1991 en Vevey, Suiza. Al contrario que en la
ficción, a él, el alcalde, le sobrevivió
Monseñor, el Padre Leopoldo Durán, que vive en Vigo,
Galicia, la región española que más gustaba a Greene.
Hay coincidencias asombrosas en las muertes de Monseñor y de Greene.
Sus papeles parecen haberse intercambiado. Monseñor fue sostenido por un
atento y cuidadoso Sancho, que había estado observando muy de cerca el
deterioro de la vida de Monseñor durante la misa, hasta que al final se
cayó. Greene murió en compañía del Padre
Durán, como había deseado, y el Padre Durán le cogió
de la mano durante los últimos minutos de su vida, observando
cuidadosamente su respiración superficial hasta que se paró. La
muerte de Monseñor fue como una premonición transferida: lo que
Greene escribió de Monseñor le pasó realmente a
él.
Greene había abandonado la práctica religiosa durante un largo
periodo de tiempo, pero, de acuerdo con el Padre Durán, al menos durante
los últimos 10 ó 12 años de su vida, recibió
regularmente los sacramentos. Su fe en la vida eterna puede compararse solamente
con la de Monseñor y Greene dio evidencia de ella en la forma en que
murió: aceptó el hecho plenamente y en paz. Su médico fue
testigo ocular de esto y manifestó que solamente una persona con una fe
muy sólida podía estar tan serena antes de morir (23).
Greene se ha ido; sus dudas se han resuelto; su fe se ha convertido en
conocimiento; su esperanza se ha visto recompensada. Sus obras permanecen; son
el resultado de su amor por nosotros. Son testigos de sus convicciones y llevan
un precioso mensaje de esperanza como ninguna otra obra literaria de siglo XX lo
ha hecho. Greene ha dejado ‘un esqueleto a la tierra y un alma, una
obra, para la historia’ (24).
Agradecimiento.
Estoy profundamente agradecido al Padre Leopoldo Durán por haber
leído el manuscrito y por sus reflexivos comentarios y consejos.
Referencias.
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(Las citas sin referencia especificada son todas de este libro). (Publicado por
primera vez por The Bodley Head en 1982).
2.- Bryden R. Graham Greene discusses collected edition of his novels.
The Listener, LXXXII: 2173 (23 April 1970), 544-555. En: Donaghy HJ (Editor).
Conversations with Graham Greene. University Press of Mississippi,
Jackson and London, 1992; p: 85-89.
3.- Duran L. Second Graham Greene Festival. Berkhamsted (Herst), UK.
October 2nd, 1999.
4.- Van Dalm, RE. A structural analysis of The Honorary Consul
by Graham Greene. Rodopi, Amsterdam, 1999; p127-146.
5.- Greene G. Carving a statue. Epitaph for a play. En: Greene G.
The collected plays of Graham Greene. Penguin Books Ltd., Middlesex,
England, 1985; p: 212. (Carving a statue fue publicada por primera vez
por The Bodley Head en 1964).
6.- Greene G. Ensayos católicos . EMECE Editores, SA. Buenos
Aires, 1955.
7.- Greene G. Yours etc. Letters to the press 1945-89. (Selected
and introduced by Christopher Hawtree). Reinhardt Books. London, 1989.
8.- Greene G. Reflections. Reinhardt Books. London, 1990.
9.- Unamuno, M. Del sentimiento trágico de la vida .
Colección Austral, Espasa Calpe, Madrid, octava edición 1997.
(Publicado por primera vez en 1913).
10. West M. Desde la cumbre. Javier Vergara Editor, SA. Buenos Aires,
Argentina, 1996; p 18. (Traducción española de A view from the
ridge . Harper Collins, San Francisco).
11.- Greene G. The potting shed. En: Greene G. The collected
plays of Graham Greene. Penguin Books Ltd., Middlesex, England, UK, 1985; p
132. (The potting shed se publicó por primera vez en 1958 por
William Heinemann Ltd.).
12.- Greene G. El otro y su doble. Conversaciones con
Marie-Françoise Allain. Caralt, Barcelona 1982; p 197.
(Traducción española de L’autre et son double ,
publicado por primera vez por Belfond en 1981)
13.- 2 Corintios 5:7
14.- Greene G. The last word. En: Greene G. The last word and
other stories. Reinhardt Books, London, 1990; p: 18.
15.- Moeller C. Literatura del siglo XX y cristianismo . Volume 1,
3ª edition. Editorial Gredos, Madrid, 1958; p 325. (Traducción
española de la edición original francesa: Littérature du
XXe siècle et christianisme. Éditions Casterman, Paris et
Tournai, 1954).
16.- Greene G. Brighton Rock. Penguin Books Ltd., Middlesex,
England, reset and reprinted, 1975; p: 246. (Brighton Rock fue publicada
por primera vez por William Heinemann Ltd. en 1938).
17.- Greene G. The heart of the matter. Penguin Books Ltd., Middlesex,
England, 1971; p: 272. (The heart of the matter fue publicada por primera
vez por William Heinemann Ltd. en 1948).
18.- 1 Corintios 13:2
19.- 1 Corintios 13:13
20.- Deeney JJ. A Jesuit think tank for the world? http://justgoodcompany.
org/1.1/thinktanktext.htm. (Accedida el 13 de diciembre de 2002).
21.- Diccionario de la Lengua Española, 20ª
edición, Tomo 1. Madrid 1984; p: 346.
22.- 1 Corintios 13:8.
23.- Durán L. Graham Greene. Amigo y hermano . Espasa Calpe,
Madrid, 1996; p: 397-398.
24.- Unamuno, M de. La agonía del cristianismo . 6ª
edición. Espasa-Calpe, SA, Madrid, 1980; p: 18. (La agonía del
cristianismo se publicó por primera vez en francés en
1924).
Ramón Rami Porta es un cirujano torácico de Barcelona,
España, que se ha interesado por Graham Greene desde sus años en
la facultad de medicina. De ávido lector de los libros de Greene,
progresivamente desarrolló interés por su vida, lo que
conllevó un entendimiento más profundo de la obra y
pensamiento religioso de Greene. Desde la constitución del Graham Greene
Birthplace Trust en Berkhamsted, Reino Unido, en 1997, ha asistido regularmente
al Festival Graham Greene anual organizado por el Trust y ha respaldado
incondicionalmente sus actividades para promocionar y mantener el interés
en Greene.