This piece first appeared Feb. 14, 2003, in the official publication of ALAI, América Latina en Movimiento http://alainet.org/docs/3127.html

Guerra como masacre

Leonardo Boff

El gran peligro para la Humanidad y para la biosfera no es tanto Saddam Hussein como George Bush. A consecuencia de los atentados del 11 de septiembre, como jefe de la única superpotencia global, verdadero imperio no-territorial, Bush ha decidido dominar el mundo por la fuerza. Inauguró la guerra permanente y la “justicia infinita”, pasando por encima de convenciones y leyes internacionales. En sus pronunciamientos está clara una escalada peligrosa.

El primer paso fue convocar al mundo para una guerra implacable contra el terrorismo internacional. El slogan era "quien no está con nosotros está contra nosotros". El segundo, fue identificar los países susceptibles de abrigar y fomentar el terrorismo global. Contabilizó cerca de sesenta, llamados países "parias" y "bandidos", tres de los cuales forman el “eje del mal”, Irán, Irak y Corea del Norte. Y finalmente proyectó la “guerra preventiva”. En el discurso del 7 de octubre de 2002, dirigiéndose a la nación, Bush dice claramente: "En vista del evidente peligro, no podemos esperar a tener pruebas decisivas", haremos la guerra. Ahora bien, es premisa del derecho público e internacional que toda decisión se base en pruebas decisivas. Los inspectores internacionales no han encontrado hasta ahora ninguna prueba decisiva, y tampoco fueron convincentes las expuestas por Colin Powell. Pero para Bush esto no es impedimento para una acción unilateral. Quien amenace y desafíe militarmente al país debe ser, inmediatamente, desarmado. Y Bush amenaza con usar todas las armas disponibles en una acción militar preventiva.

Aquí está el peligro de Bush. El arsenal disponible de armas químicas, biológicas y nucleares es de tal monta que un porcentaje de ellas puede destruir a toda la humanidad. George Bush padre, bastante más comedido que su hijo, autorizó la utilización de uranio empobrecido, en forma de revestimiento de bombas, contra la población iraquí en 1991. Dicho material radioactivo, residuo de la fabricación de armas atómicas, permanece activo durante 4.500 años, sus partículas penetran en el suelo, contaminan aguas y alimentos y producen cáncer y deformaciones genéticas. Esta perversidad también se llevó acabo en la ex-Yugoslavia, en Kosovo y en Bosnia. Se lanzaron cerca de 940 mil proyectiles revestidos de ese material de muerte. Las víctimas son incontables. En la guerra contra Irak murieron 150.000 niños y otros 500.00 a consecuencia del embargo.

La guerra inminente no es una guerra, es una cobardía, una masacre. No se trata de un enfrentamiento entre ejércitos, sino de la matanza de civiles desde 16 mil metros de altura con bombas inteligentes. Max Born, premio Nóbel de física (1954) denunció el predominio de la matanza de civiles en la guerra moderna. En la primera guerra mundial murieron un 5% de civiles, en la segunda, un 50%, en la guerra de Corea y Vietnam, un 85%. Y datos recientes mostraban que en la guerra contra Irak y la ex-Yugoslavia el 98% de las víctimas eran civiles.

No basta estar a favor de la paz. Tenemos que estar contra la guerra. No hay ninguna guerra santa, justa o humana. Todas son perversas.

Leonardo Boff es teólogo y escritor, autor de "Crise. Oportunidade de crescimento," Verus, Sao Paulo 2003.lboff@uol.com.br.