Homilía del Funeral de Bob Holstein
9 de enero de 2003

John A. Baumann, SJ

En la primera lectura de esta mañana las palabras de Isaías hablan de Bob Holstein:

“Aquí está mi siervo a quien sostengo, mi escogido, de quien estoy satisfecho. Lo he dotado con mi espíritu para que pueda traer verdadera justicia a las naciones.”

Nos reunimos aquí para celebrar la vida de Bob Holstein. Bob ya ha predicado el mejor sermón, homilía o panegírico que podría darse en este funeral. Pues su vida es la homilía de este día. Sólo necesitamos examinar lo que hizo Bob durante sus 61 años que Dios le dio para entender sus creencias, lo que amaba, lo que valoraba, y por qué logró hacer tanta diferencia en las vidas de mucha gente. Acumuló más vida y acciones en esos 61 años que la mayoría de la gente que vive hasta los cien años. ¿Cómo apresa uno a alguien que es más grande que la misma vida? ¿Qué hubo en este hombre, Bob Holstein, que hoy ha reunido a tantos de nosotros aquí?

Un poco después, Bob se unió a la Junta de Directores de Pacific Institute for Community Organization (PICO), mi instituto para la comunidad que es una organización sin lucro. Sirvió en ella hasta que falleció.

PICO fue un lugar especial para Bob, y él siempre va a tener un lugar especial en PICO. En PICO Bob pudo dedicarse a varias de sus pasiones en un sólo lugar. Éstas incluyeron: La justicia social, acción política, la espiritualidad, la siempre importante conexión con los jesuitas, y la oportunidad de estar en contacto con el otro grupo que marcha al compás de un tamborilero diferente, o sea, los organizadores de la comunidad.

La asociación de Bob con PICO no estaba limitada a su generosa ayuda financiero y a sus consejos como miembro de la junta. Él también era un líder activo en la sucursal local de PICO aquí en Riverside-San Bernardino, Inland Congregations United for Change (ICUC). Bob también tuvo un papel importante en el desarrollo del proyecto PICO California que amplió cuidados de la salud, y beneficios educativos para familias de bajos recursos aquí en California. Por medio de su enorme red de contactos, Bob abrió puertas y formó relaciones benéficas para PICO.

A través de los años, mi amistad con Bob se enlazó aún más y llegué a conocerlo mejor. Bob era una de las personas más transparentes que jamás yo haya conocido. Tenía una franqueza auténtica acerca de sus sentimientos, creencias y acciones. Tenía integridad y se le podía confiar. Vivía de acuerdo a sus creencias. Era genuino y sin pretensiones. Con igual facilidad él podía tratar con los potentes y los impotentes. Su vida era una activa y concreta expresión de su propia fe y valores.

En esta hora buscamos consuelo, y nuestra fe nos dirige a la oración y a las sagradas escrituras en busca de un pensamiento, una frase, una idea para consolarnos. San Pablo dice en su carta a los Efesios:

“Con el poder de Dios en nosotros podemos hacer inmensurablemente más de lo que pedimos o imaginamos.” (Efesios 3).

Con el poder de Dios y por obra del espíritu se nos da fuerza. Como Jesucristo, se nos llama a vivir para otros. Como Jesucristo, crecemos al dar nuestras vidas por otros.

Y hoy venimos no con luto sino con gozo cristiano para honrar a Bob que trató de vivir como Jesucristo.

Hoy, Bob está con Dios. Así como se identificó con el Dios de la vida y del amor en este mundo, así hoy se identifica en su siguiente vida con el Dios de la vida eterna y del amor.

En PICO tenemos un principio: la fuerza está en la relación. Bob epitomó este principio. Era como un imán en su habilidad para atraer gente hacia sus causas. No le temía a nada para reclutar gente o para pedir apoyo, así se dirigió a PICO, ICUC, Verbum Dei, al Instituto de Espiritualidad de Loyola, al director de la Familia Holstein en Estudios Religiosos en la Universidad de California en Riverside, a la Escuela de American Watch, y a la Ignatian Family Teach-In, a la escuela jesuita, Jesuit School of Theology en Berkley, a la Universidad de San Francisco, a los Dominicans’ Vision of Hope, y a muchos más. Y ésos son nada más algunos de los que conocemos. Simplemente, a la gente se le dificultaba decirle ,”no” a Bob. A veces ni estaban seguros de lo que se trataba la causa, pero al sentir su convicción e intervención, sabían que su causa debía ser algo que valía la pena.

Muchos de ustedes han oído la siguiente historia que toma lugar en la Europa medioeval. Es la historia de tres hombres que estaban haciendo la misma cosa, pero por razones diferentes. Cada uno de ellos llevaba a cuestas una carga de piedras.

Se le pregunta al primer hombre qué es lo que hace, y contesta: “Llevo una carga de piedras.”

Se le hace la misma pregunta al segundo hombre, y contesta: “Estoy sosteniendo a mi familia.”

El tercero responde a la misma pregunta, “Estoy construyendo una catedral.”

El tercer hombre sabía que su trabajo estaba relacionado con algo más grande. Sabía que estaba participando en algo más significativo y de beneficio más universal. La historia es dirigida por acciones como la de este hombre, acciones que dan forma y significado a la vida al conectar nuestra actividad humana a un esfuerzo más grande.

La catedral, a la cual se le llamó a Bob a construir, también era algo de más grandeza, algo más significativo, algo de gran magnitud. Era algo para dar forma y significado a la vida; era acerca de la JUSTICIA. Él tuvo una visión en la que la promoción de la justicia se convirtió en el factor integrante de todas sus actividades.

Fue una visión con acción -- acción de parte del trabajador, del pobre, de los olvidados; acción vista como una dimensión fundamental de difundir el evangelio. Bob escuchó al llamado de Yahveh en Isaías:

Yo, Jehová te he llamado en justicia, y te he llevado de la mano; te he formado, y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

A través de los años, su vida le exigió gran sacrificio, sufrimiento y madurez. Y al compartir la vida y el amor de Dios con nosotros, tuvo una gran influencia sobre nosotros en muchos modos. Nosotros, los que estamos aquí esta mañana hemos sido retados y motivados a crecer por medio de los valores que hemos recibido de él.

Este día celebramos la victoria de Bob sobre la muerte. Su fe ha sido realizada. Ha encontrado su fuente de esperanza. Está con El que lo llamó por su nombre. Ha respondido a la invitación de Dios: “Venid a mí, tú que viviste bien y a veces muy agobiado. Ahora me toca darte alivio y premiarte por todo lo que hiciste.”

Bob rezaba y asistía a misa diariamente. Le tenía devoción a la Eucaristía. Su espiritualidad se formó por medio de su experiencia con los jesuitas. San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, creía que todo ser humano podía tener una relación personal con Dios, y que a Dios se le podía encontrar en el mundo. Con entusiasmo, Bob abrazó, adaptó, e incorporó la espiritualidad ignaciana en su propia vida. La oración no era un ejercicio intelectual o impersonal para Bob. Ella era como el alimento, necesaria y vital para vivir. Era para conocer a alguien. Era para una relación.

Incesante, él leía libros y artículos acerca de la espiritualidad. Asistía a seminarios patrocinados por el Instituto Espiritual de Loyola. El escritor jesuita indio, Anthony DeMello, y su libro Wellsprings fue una influencia especial para Bob. Así como con muchas otras cosas buenas que Bob tuvo en su vida, él quería compartir su espiritualidad con los demás. Organizó algunos de los Companions, el grupo de ex-jesuitas para hacer un retiro juntos, por medio del internet. Cada día por un período de nueve meses, Bob y los demás compartían entre ellos su experiencia con el rezo. El grupo luego se dio cuenta de que Bob rezaba de la misma manera que hablaba -- con el lenguaje cómodo de un instructor militar de la marina. El retiro fue una experiencia tan positiva para Bob que decidió tomar el siguiente paso en su viaje espiritual, y comenzó a ayudarles a otros a explorar sus relaciones con Dios por medio de una dirección espiritual. Al morir Bob estaba dirigiendo a cuatro personas por medio de los ejercicios espirituales de San Ignacio.

Es importante señalar que aunque Bob era totalmente Católico, él creía con fe que Dios estaba activo y presente en toda la gente. Una de las cosas de PICO que a él le gustaba mucho es el hecho de que hay mucho más de treinta diferentes denominaciones representadas, como, cristianos, judíos, musulmanes, budistas. Es este sentido, Bob era “católico” con “c” minúscula, pues en su respeto para toda la gente era universal, y a la vez era universalmente respetado.

En la primera carta de San Juan, leemos: “Porque Dios nos ha amado tanto, nosotros también debemos amarnos unos a los otros. Nadie ha visto jamás a Dios, pero siempre y cuando nos amemos unos a los otros Dios reinará en nosotros, y todo su amor estará en nosotros.” El amor de Bob era ilimitado. Por medio de su amor formó comunidad.

Para Bob la comunidad más importante era su familia -- su esposa Loreta, y sus hijos: Mary, Bobbie, Chad, Liz, y Matthew. Eran el centro de su vida. Loreta era su mejor amiga, compañera, consejera, defensora, voz de la razón, y su volante de equilibrio. No podía hacer nada sin ella, y fue su inspiración para todo lo que él llevó a cabo. Los familiares de los Holsteins y Tunneys siempre lo apoyaron.

La casa de los Holstein fue hecha primeramente como un lugar para Bob para tener sus reuniones, fiestas, liturgias, y otras juntas. A través de los años, la casa de los Holstein fue casa para mucha gente, ya fuera PICO o una unión local, políticos demócratas, teólogos de liberación, o atletas de secundaria. La comunidad y la hospitalidad eran inseparables para Bob. Y este principio lo extendió a incluir su cabaña en Fort Jones, cerca de Yreka. Cuando Bob conocía a alguna persona por primera vez, normalmente le tomaba menos de cinco minutos antes de ofrecerle al nuevo amigo el uso de su cabaña. ¿Y qué tantos de nosotros presentes hicimos precisamente eso?

Bob hacía comunidad dondequiera que estuviera. Él era el común denominador en tantos grupos y tantos amigos. Era ambos, fermento y pegamento. Tenía una habilidad única para reclutar gente, y ya fuera su familia, su despacho de abogado, o sus muchas causas filantrópicas, siempre las apoyaba y participaba en ellas.

No podría dar esta homilía sin decir algunas palabras acerca de los Companions y Bob Holstein. Aunque Bob se separó de los jesuitas hace ya muchos años, nunca se separó completamente. Odiaba las palabras “ex-jesuita.” A Bob le gustaría que pensáramos en él como un simple jesuita que vivió adelantado de su actualidad. Él fue la fuerza impulsora que formó a los Companions. Cada año este grupo se reúne en un retiro. También mantiene en grupo una discusión animada por el internet. Se va a sentir la ausencia de sus e-mails diarios con temas que abarcaban desde la guerra en Irak hasta el futuro de la Iglesia. Bob siempre estaba impulsando a los Companions para que fueran mucho más de un grupo unido simplemente por el pasado. Más bien, él los retaba constantemente para que participaran en causas de justicia. Y los Companions han respondido con su tiempo, contribución y talento para muchas causas benéficas.

Bob tenía pasión por muchas causas. Pero para él muy pocas fueron tan importantes y transformantes de vidas que la protesta para cerrar la escuela, School of the Americas en Fort Benning, Georgia. Hace más de seis años Bob hizo una irrevocable decisión de participar en desobediencia civil al traspasar o cruzar la línea en Fort Benning. Sus co-conspiradores incluyeron el Padre Roy Burgeois, un padre Maryknoll, fundador de SOA Watch, y Bill Bischel, un jesuita de la provincia de Oregon. Por su traspaso, Bob fue encarcelado por dos meses en la penitenciaría federal de Lompoc. Ésta fue una época muy difícil para Bob, Loreta y sus hijos. Durante ese período Bob hizo un retiro autodirigido de treinta días.

Lo que comenzó como una protesta con menos de quince personas en las puertas de Ft. Benning, ahora se ha convertido en un movimiento anual con miles de gentes. Mientras tanto, Bob calladamente trabajaba para recabar fondos y dar aun más auge y apoyo a la causa. Y una vez más Bob soñóel gran sueño. A nivel nacional quería como participantes en la protesta a los colegios jesuitas, universidades, secundarias, parroquias, y ministerios sociales. Y casi lo logró sólo. Este año que acaba de pasar más de 1,500 personas asistieron al Ignatian Family Teach-In en Fort Benning.

En esa carpa en Georgia escuchamos las palabras de Jesús que tanto motivaban a Bob:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan falsamente toda clase de mal contra vosotros.

Gozaos y alegraos porque vuestro premio es grande en los cielos, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Para Bob, el sermón en el monte, las beatitudes, se podían resumir en una declaración, en una oración que describe su vida. Ésta pude expresar lo siguiente:

“Bienaventurados los que hacen de este mundo un aposento mejor
para la existencia de toda la gente.”

Bob nos hacía sentir como parte de una raza de gente escogida, capacitados para ayudar a nuestros semejantes .... y como parte de un Ministerio Bendito para interceder por el amor de Dios, por la compasión y la justicia. Nos hacía sentir como parte de la gente que Dios reclama como propia de Él.Bob decía: “Estamos en esto juntos. Llevemos a cabo algo.” Y lo lograba.

No podemos hablar de Bob Holstein sin mencionar su gran sentido del humor. Ya fuera imitando a teólogos jesuitas, a un acento regional irlandés, o diciendo un chiste con lenguaje vívido y colorido, Bob hacía reír a la gente. El pasado noviembre, antes de que ingresara al hospital Cedar-Sinai para su operación pulmonar, mandó un e-mail a los Companions, diciendo: “Recen por que la pérdida del 19% de mi función pulmonar no cause daño irreparable a mi cerebro que pudiera resultar en aliarme al partido republicano en un acto de locura.”

Y aunque Bob podía reír con facilidad, también podía llorar con facilidad, especialmente cuando se refería al amor que le profesaba a Loreta y a sus hijos. No se avergonzaba de sus lágrimas. Se conectaba con la gente en su felicidad o en su tristeza. Siempre accesible, atraía a la gente que lo buscaba.

Cuando una persona como Bob muere, la comunidad se empequeñece. Ya no tenemos su ejemplo. Ya no tenemos la experiencia de su tenacidad, determinación, caridad, su amor y bondad, su preocupación por todos nosotros, su deseo de justicia, y su deseo de unirnos y hacernos mejores ciudadanos de Dios.

Pero su ausencia nos da una lección. Quizás ahora podemos ver más claramente lo mucho que significaba para nosotros, y la singularidad en el propósito de su vida.

Aun en su muerte hay todavía otras lecciones que puede enseñarnos. ¿Cómo podemos rendirle tributo a Bob? Debemos hacer más aparte de este servicio de funeral en el que la Iglesia encomienda su alma a Dios. Debemos de ofrecer más aparte de nuestras oraciones, flores y donaciones en su nombre. Le rendimos el mejor tributo si nos dedicamos a los ideales de su vida. Le rendimos el mejor tributo haciendo lo que es más benéfico para nosotros y para los demás tomando en cuenta sus inclinaciones. Debemos de convertirnos en veladores de la comunidad y continuar construyendo lo que él comenzó. Le rendimos el mejor tributo si tratamos de imitar su ejemplo de servicio a los demás sin egoísmo alguno.

Así hoy, mientras que nos enluta su muerte también debemos celebrar su morada final dando gracias a Dios por su vida; por el ejemplo que su fe nos dio; por las lecciones que aprendimos de él acerca del buen vivir y del buen morir. Mientras celebramos misa, nos regocijamos de que Bob vive con, y en Dios para siempre.